Sentada en un café escuché una conversación sobre el otoño:
- Llega el Otoño, que fastidio, los días se acortan, me entristece, llueve...
-Si! pagamos más luz, que ganas que pase ya!
Esto me hizo pensar en escribir sobre el Otoño y en especial reflexionar que todo es beneficioso si se quiere ver des del prisma del positivismo, por ejemplo la lluvia es necesaria para el crecimiento de todo lo que nos ofrece la naturaleza y no nos quejamos cuando estamos bebiendo un gazpacho, con frutos que crecen en la tierra gracias al agua...
Sí! ha terminado
el verano, vamos dejando atrás la calor y la luminosidad de los días y
con él todo lo que nos permite el verano, disfrutar de la playa, vivimos más al
aire libre, una estación sin duda mucho más social y que ofrece mucha energía y
en la que estamos más positivos.
Ha entrado
el otoño, días más frescos, húmedos, días que se acortan y tienen menos luz, (es cierto nuestras facturas suben más, pero se compensan con lo que no pagamos en verano) una estación impregnada de tristeza, melancolía y no sabemos bien porqué, pero
nos afecta de esa forma.
El sol
radiante de verano nos aporta energía, nos sentimos pletóricos, en cambio, en
otoño, y aunque el cambio sea gradual, con su veroño o verano de san Miguel,
nos provoca estados melancólico y emocional, y es que ha sido demostrado por
la psiquiatría que está atribuido a cierta desincronización entre algunos sistemas neurofisiológicos y los ritmos diarios de luz-oscuridad.
Está claro
que formamos parte de la naturaleza, y nos afecta igual que ella se siente
afectada por todas nuestras acciones, eso no podemos dudarlo, es un amor recíproco, que si no se cuida, así nos va.
La
naturaleza, cambia, igual que nosotros lo hacemos, así permitámonos que el otoño
sea una estación de plenitud, es una cuestión de transformar las sensaciones en
pensamientos, me explico; al igual que caen las hojas de los árboles, cambian
los colores para llegar a una primavera creciente y radiante y un verano lleno
de frutos y energía, pues dejemos caer situaciones que no nos agradan, para
poner orden interno, transformarnos, enfocarnos, evaluar proyectos, conquistar
sueños, abrirnos a lo nuevo... en definitiva preparar el camino para comenzar
de nuevo, como dice este poema Zen:
"Los árboles meditan en invierno.
Gracias a ello, florecen en primavera; dan sombra y frutos en el verano, y se
despojan de lo superfluo en el otoño".
A fin de cuentas, todo está conectado, y debe haber otoño para existir verano, por lo que la actitud es
comprender que hay estados neurofisiológicos que nos provocan algún
desequilibrio, pero con nuestro poder interno, que defiendo siempre, más el
disfrutar diariamente de esas pequeñas cosas, podemos batallar el día a día,
sea otoño melancólico, invierno oscuro, primavera creciente o verano enérgico, siempre
debería ser en tu interior verano, comprendiendo que al buen tiempo buena cara.
